reciclaje de electronicos en chile

Casi 11 kilos de basura electrónica produjo cada persona que habitaba nuestro país en 2012. Así quedó en evidencia en el informe Solving the E Waste Problem –Resolviendo el problema de la basura electrónica–, elaborado por agencias de Naciones Unidas, gobiernos, ONG’s y científicos y que fue dado a conocer a fines del año pasado.
La cifra da cuenta de un problema global que crece de la mano del mayor acceso que la población tiene a bienes eléctricos y electrónicos.

En efecto, según datos de la Subsecretaría de Telecomunicaciones, al primer trimestre de este año en Chile existían 23,8 millones de teléfonos celulares activos. Si a ello se suman otros artefactos, como computadores, impresoras y electrodomésticos, no es difícil imaginar que la cifra de basura electrónica que el país genera hoy puede ser muy superior a la que maneja el Ministerio de Medio Ambiente, que alcanza, según estimaciones de Joost Meijer, jefe de la Sección Residuos de esa cartera, a cerca de 6 kilogramos por habitante al año. Reciclaje electrónico santiago chile

En ese contexto, el documento de la ONU adquiere relevancia, pues entrega información no solo de la situación específica de los países, sino que además promueve el reciclaje y una disposición final segura de aquellos elementos que pueden ser tóxicos, tanto para el ser humano como para el medio ambiente. El tema resulta fundamental, pues el 72% de los componentes de un equipo electrónico son reciclables, el 25% reutilizables y solo el 3% contaminante.

Conscientes de ello, los residuos eléctricos y electrónicos figuran entre los nueve productos prioritarios identificados en el proyecto de Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP), que busca que las instituciones se hagan cargo de los productos que ponen en el mercado durante todo su ciclo de vida.

La norma, que está siendo analizada en el Congreso, es considerada clave para el país, pues viene a cumplir con el requisito que impone la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) a sus países miembros: tener en trámite una norma de este tipo este año.
Meijer explica que una vez aprobado el proyecto de ley, se elaborarán reglamentos específicos, entre otros productos, para los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos.

“El reglamento establecerá metas para la recolección y el reciclaje de estos residuos, por lo cual se generarán más iniciativas de reciclaje. Entre otros, se espera que se instalen empresas que hacen más que solo desensamblar estos residuos”, indica.

Los análisis apuntan a que el alza en la reutilización será gradual y que habrá que establecer metas realistas. En el caso específico de los aparatos eléctricos y electrónicos juega a favor que muchas de las empresas productoras son multinacionales, por lo que ya cuentan con instrumentos de este tipo. Con todo, se prevé que en un plazo de cuatro o cinco años se pasará al reciclaje de este tipo de productos desde 2% o 5% a alrededor del 20% o 40%.

De todas formas, el jefe de la sección de Residuos del Ministerio del Medio Ambiente es claro en advertir que “la cantidad de residuos generados en el país no es suficiente para que exista capacidad para el reciclaje de todas las partes”. Así, algunas de ellas –como las pantallas de computadores y televisores más antiguas– se seguirán exportando para ser procesadas en el exterior.

Menos tecnobasura

Aunque el panorama posterior a la entrada en vigencia de la REP se estima auspicioso, la coordinadora de la Plataforma Regional sobre Residuos Electrónicos en Latinoamerica y el Caribe, Uca Silva, considera que la norma no es suficiente.

“Toda legislación tiene que ir acompañada de una serie de estrategias y seguimiento. El Estado debe  velar por el cumplimiento de las metas, los productores se tienen que hacer cargo de que la gestión de residuos funcione, los gestores deben tener estándares en el manejo de ello, se tiene que pagar para una correcta disposición de los materiales peligrosos y eso encarece la gestión”, subraya.

Cualquier iniciativa, sin embargo, debe ir de la mano de la creación de conciencia en la población respecto de los impactos negativos y a largo plazo que tiene sobre el suelo, el agua y el aire la generación de tecnobasura, también conocida como e-waste.

“La gente necesita saber que la recuperación de elementos no solo es buena por los elementos tóxicos que estos productos tienen, sino que también significa una acción positiva para el medio ambiente”, señala Silva.

A su juicio, se requiere una importante articulación de actores que permita que en el futuro, por ejemplo, al adquirir un computador se incluya un folleto que indique qué se puede hacer con él una vez que ya ha concluido su vida útil.

El tema no es menor si se considera que un residuo electrónico siempre es peligroso para el planeta y la salud. No hay que perder de vista que un monitor antiguo de computador contiene, en sus rayos catódicos, una cantidad importante de plomo, que puede provocar vómitos, dolor de cabeza, e incluso, afectar los riñones o, en niños pequeños, dañar las conexiones nerviosas.

Las pantallas plasma de televisor, en tanto, tienen barras de mercurio que puede tener efecto en el funcionamiento del hígado. “Aunque los volúmenes de elementos tóxicos son pequeños, lo peligroso es la cantidad de residuos que los contienen. Se estima que en 2015 habrá 50 millones de toneladas de residuos electrónicos, por lo que hay que asegurar el tratamiento de los elementos tóxicos que contienen”, explica Silva.